Cuando el amor se convierte en delito: así funciona la psicología del fraude sentimental online

No comienza con una petición de dinero. Comienza con confianza, intimidad y una historia cuidadosamente construida.

Las estafas románticas en internet no funcionan únicamente porque alguien consiga convencer a otra persona de enviarle dinero. Su verdadera herramienta puede ser mucho más sofisticada: la construcción deliberada de un vínculo emocional.

El estudio Cuando el amor se convierte en delito: psicodinámica criminal y estrategias de manipulación emocional en ciberdelincuentes románticos, de José Luis Adán Burgos y Rocío Barberá García, analiza desde la psicología criminal cómo opera el denominado romance scam y propone entenderlo como un fenómeno de ciberdelincuencia relacional, donde el afecto se convierte en instrumento de manipulación.

El fraude tiene un guion

La literatura revisada identifica una secuencia que aparece repetidamente:

Captación → intimidad acelerada → aislamiento → crisis ficticia → extracción económica.

El delincuente crea primero una identidad creíble y establece contacto. Después acelera emocionalmente la relación mediante atención constante, declaraciones prematuras, promesas de futuro y una aparente compatibilidad extraordinaria.

Cuando la confianza ya está instalada, puede aparecer el aislamiento: controlar horarios de comunicación, fomentar la exclusividad, evitar videollamadas o encuentros y tratar de reducir la influencia de familiares y amigos.

Finalmente llega la crisis: una enfermedad, un viaje frustrado, una emergencia económica o cualquier situación capaz de justificar una petición urgente de dinero.

El amor como herramienta de ingeniería social

Entre las tácticas descritas por la literatura aparecen el love bombing, el espejado emocional, la creación de un futuro idealizado, la culpa, el miedo y la dependencia afectiva.

La característica distintiva del fraude sentimental es precisamente esa: el vínculo romántico no es una consecuencia del engaño; es el mecanismo utilizado para hacerlo posible.

¿Quién está detrás?

La revisión científica encuentra asociaciones entre determinados perpetradores y rasgos relacionados con la llamada tríada oscura de la personalidad:

Narcisismo, vinculado con grandiosidad e identidades idealizadas.

Maquiavelismo, relacionado con planificación y manipulación estratégica.

Psicopatía, asociada a menor empatía emocional, engaño y utilización instrumental de otras personas.

En algunos trabajos también aparece el sadismo interpersonal.

Sin embargo, este punto requiere cautela: los propios autores reconocen que existe todavía poca investigación empírica directa realizada con perpetradores reales, por lo que estos perfiles no deben utilizarse como diagnósticos universales de quien comete este tipo de fraude.

No existe una “víctima típica”

Uno de los aspectos más importantes del análisis es que rompe con la idea de que solo las personas ingenuas o con poca educación pueden caer en estas estafas.

La literatura recoge víctimas con formación académica, integración social y funcionamiento cotidiano normal. Momentos como una ruptura, un duelo, la soledad, el aislamiento o una fuerte expectativa de encontrar pareja pueden incrementar circunstancialmente la vulnerabilidad.

Ser víctima de manipulación no equivale a carecer de inteligencia.

El daño no termina cuando desaparece el dinero

Las consecuencias descritas pueden incluir pérdidas económicas, pero también ansiedad, depresión, vergüenza, deterioro de la autoestima, duelo afectivo y dificultades posteriores para volver a confiar.

Por eso, el estudio plantea que el romance scam debería analizarse no solo desde el fraude económico, sino también desde su dimensión de violencia emocional digital.

Una industria cada vez más sofisticada

Además, no siempre existe un único estafador detrás de la pantalla. La literatura documenta redes criminales organizadas capaces de distribuir funciones y gestionar múltiples víctimas simultáneamente.

A ello se suman nuevas herramientas: fotografías robadas, perfiles falsos, traductores automáticos, inteligencia artificial y deepfakes.

La clave periodística

El dato más revelador del estudio quizás no sea cuánto dinero puede perder una víctima, sino cómo se consigue que termine entregándolo.

El ciberdelincuente romántico no necesariamente ataca primero la cuenta bancaria.

Ataca la confianza.

Y cuando consigue convertir una relación ficticia en una realidad emocional para la víctima, el fraude económico puede convertirse simplemente en la última etapa del proceso.

Fuente: José Luis Adán Burgos y Rocío Barberá García. Cuando el amor se convierte en delito: psicodinámica criminal y estrategias de manipulación emocional en ciberdelincuentes románticos. Edupsykhé. Revista de Psicología y Educación, 2026, Vol. 23(2), pp. 1–20. Universidad Camilo José Cela.

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