¿Qué tan ideológicos son el merengue y la bachata dominicana? El mapa de 40 artistas y 400 canciones

La música popular no solo habla de amor, fiesta o desamor. También puede revelar cómo una sociedad entiende el poder, la familia, el dinero, la autoridad, la desigualdad, la religión, la identidad y la libertad. Partiendo de esa idea, en El Infográfico realizamos un ejercicio poco habitual: construir un mapa de las tendencias ideológicas presentes alrededor del merengue y la bachata dominicana.

El análisis abarcó 40 artistas dominicanos —20 de merengue y 20 de bachata— y 400 canciones, correspondientes al período 1980–2026. Además de las letras, se consideraron declaraciones públicas, participación política, activismo y trayectoria institucional disponible de cada artista.

Para representar los resultados utilizamos dos ejes. El horizontal observa tendencias relacionadas con economía y política, desde posiciones más cercanas a la izquierda hasta posiciones más próximas a la derecha. El vertical analiza valores sociales y culturales, desde una mayor apertura o sensibilidad libertaria hasta posiciones más vinculadas con tradición, autoridad y conservadurismo.

Pero existe una advertencia fundamental: cantar algo no significa necesariamente creerlo. Una canción puede contar la historia de un personaje, dramatizar celos, violencia, lujo, pobreza o infidelidad sin que esas ideas representen personalmente al intérprete. Por eso cada ubicación tiene también un nivel de confianza —alto, medio o bajo— que refleja la cantidad y consistencia de la evidencia disponible.

Uno de los resultados más interesantes es que el merengue presenta una mayor dispersión ideológica, mientras la bachata tiende a concentrarse más cerca del centro. En el merengue aparecen con mayor frecuencia elementos relacionados con la vida pública, la identidad nacional, las condiciones sociales y la relación con el Estado. En la bachata, por el contrario, ofrecen más información las concepciones sobre pareja, masculinidad, deseo, fidelidad, familia y poder dentro de las relaciones.

El ejercicio también muestra algo menos espectacular, pero quizás más importante: el centro también es un resultado. Cuando no existen suficientes evidencias para atribuir una posición determinada, lo responsable no es forzar una etiqueta, sino reconocer que la información disponible no permite hacerlo.

Este mapa no pretende determinar por quién vota un artista ni convertir cada canción en un manifiesto político. Es un ejercicio interpretativo de análisis cultural, construido a partir de repertorio, actuaciones y declaraciones públicas. Porque la música puede mostrarnos cómo una sociedad ama, teme, aspira, consume, se relaciona y se enoja. Y eso, aunque no sea necesariamente política partidista, también dice mucho sobre quiénes somos.

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