La vieja política le teme al diálogo porque el diálogo la deja en evidencia

Infografía sobre la nueva política en la República Dominicana, comparando la vieja y nueva política, destacando cifras y declaraciones sobre el consenso y la madurez democrática.

Hay momentos en que la política revela su verdadera naturaleza.

No en campaña.
No en los discursos preparados.
No en los jingles, caravanas ni spots.

Sino en la crisis.

Y la crisis internacional provocada por la guerra entre Estados Unidos e Irán, que hoy amenaza con presionar precios, combustibles, fertilizantes, transporte marítimo y estabilidad económica, ha vuelto a poner frente al espejo a la clase política dominicana.

Lo que ese espejo devuelve no es solo una diferencia de estilos.

Es una diferencia de época.

Por un lado, un gobierno que, frente a una tormenta externa que no provocó, ha optado por lo que hacen las democracias maduras: consultar, dialogar, convocar y construir consensos.

Por el otro, una dirigencia que sigue atrapada en la lógica más rancia del poder: la política como trinchera, no como solución.

La semana pasada, el Gobierno del presidente Luis Abinader envió una comisión de alto nivel a reunirse con el expresidente Danilo Medina, en su condición de presidente del PLD, para discutir mecanismos que permitan amortiguar el impacto de la crisis global sobre la República Dominicana.

Eso, en cualquier democracia funcional, debería ser leído como una señal de madurez institucional.

Pero tres días después, la respuesta pública fue esta:

“Yo me acabo de reunir con una comisión y no tienen un plan concreto”.

Y poco después, la vicepresidenta del PLD, Zoraima Cuello, remató con una frase que quizás, sin quererlo, terminó explicándolo todo:

“Como el PRM se ha dado cuenta que el PLD es que sabe gobernar, está pidiendo auxilio”.

Auxilio.

Esa palabra desnuda la mentalidad.

Porque la vieja política interpreta el diálogo como rendición.

Interpreta la consulta como debilidad.

Interpreta el consenso como subordinación.

No entiende que en 2026 gobernar ya no significa imponer.

Significa escuchar.


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