Abinader en la ONU 2026: Haití, reforma global y los desafíos de un país que pide ser escuchado

Luis Abinader llegó al discurso de la República Dominicana ante el 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas con tres palabras que terminaron funcionando como principio y cierre de toda su intervención: serenidad, claridad y unidad.
No fueron solo una introducción. Fueron la estructura de un discurso que recorrió la crisis del sistema multilateral, la situación de Haití, la vulnerabilidad de los pequeños Estados insulares, el acceso al financiamiento, el cambio climático y los resultados económicos y sociales que el Gobierno dominicano llevó ante la comunidad internacional.
El punto de partida fue un mundo en transición. Abinader describió unas Naciones Unidas sometidas simultáneamente a dificultades financieras, conflictos armados persistentes y una revolución tecnológica que, según planteó, avanza más rápido que la capacidad internacional para gobernarla. Desde la perspectiva dominicana, añadió otro elemento: lo que ocurre lejos puede terminar afectando directamente la vida cotidiana de un pequeño Estado insular que importa la totalidad de los combustibles que consume.
La tesis era clara: para países como República Dominicana, el orden internacional basado en reglas no es una abstracción diplomática. Es una cuestión de seguridad.
A partir de ahí, el mandatario colocó sobre la mesa tres reformas de Naciones Unidas: renovar la representación internacional, renovar las operaciones de paz y renovar el apoyo a los países en desarrollo. También respaldó la iniciativa ONU80 y recordó que República Dominicana estuvo entre los primeros países en pagar íntegramente su contribución al presupuesto ordinario de la organización.
En materia de representación, pidió un Consejo de Seguridad más parecido al mundo multipolar actual. Y recuperó una posición que ya había planteado un año antes: América Latina y el Caribe deberían tener la oportunidad de aportar un nuevo liderazgo a la organización y, después de más de ocho décadas, consideró llegado el momento de que una mujer ocupe la Secretaría General de Naciones Unidas.
Haití ocupó el centro de la urgencia
Fue al abordar Haití cuando el discurso pasó de la arquitectura institucional a la urgencia regional.
Abinader recordó que República Dominicana viene advirtiendo desde 2021 que la crisis haitiana representa una amenaza para la paz y la seguridad de la región y, de manera particular, para territorio dominicano. Mencionó la resolución 2793 del Consejo de Seguridad y la autorización de una Fuerza de Supresión de Bandas acompañada por una Oficina de Apoyo de Naciones Unidas.
Después presentó el costo humano que, según señaló, continúa acumulándose. Citó el asesinato de al menos 47 personas en Kenscoff, cinco de ellas niños, y señaló que cerca de 1.5 millones de haitianos han sido desplazados de sus hogares.
Su planteamiento no fue solicitar una nueva arquitectura internacional, sino exigir que se ejecute la que ya fue aprobada.
Enumeró tres acciones: completar el despliegue de la fuerza internacional, que dijo cuenta actualmente con apenas una quinta parte de los efectivos autorizados; hacer cumplir el embargo de armas y sancionar a quienes financian o protegen a las bandas; y fortalecer la policía, las fuerzas armadas y la justicia haitianas para que la seguridad pueda sostenerse posteriormente con capacidades propias.
En uno de los pasajes que mejor sintetiza esa posición, Abinader afirmó:
“No practicamos una diplomacia de declaraciones, sino una diplomacia de soluciones.”
A continuación enumeró las contribuciones que atribuyó a República Dominicana: participación en la construcción del consenso internacional, compromiso de un aporte financiero proporcional al fondo fiduciario, apoyo logístico desde territorio dominicano, cooperación con el régimen de sanciones y atención hospitalaria al personal de la misión.
Pero inmediatamente estableció un límite.
El presidente sostuvo que “no existe una solución dominicana a la crisis haitiana” y defendió que ningún Estado u organismo internacional puede trasladar esa responsabilidad a República Dominicana. Reafirmó la protección fronteriza, la aplicación de las leyes migratorias y el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, vinculando esas decisiones al principio de soberanía reconocido por la Carta de Naciones Unidas y al cumplimiento de las obligaciones internacionales asumidas por el país.
Su formulación posterior resumió la posición dominicana expuesta en el discurso: “La solución de Haití está en Haití”. El objetivo internacional, dijo, debe ser crear allí las condiciones para recuperar las escuelas, ofrecer futuro a los jóvenes y permitir que los haitianos puedan volver a votar después de una década.
De Haití a los resultados dominicanos
Después de la crisis regional, Abinader cambió el foco hacia República Dominicana.
Afirmó que la pobreza monetaria pasó de 25.8 % en 2019 a 14.6 % durante el primer semestre de 2026. También señaló que la FAO confirmó que el país salió del denominado mapa del hambre, convirtiéndose, según el discurso, en el quinto país latinoamericano en alcanzar esa condición y adelantándose a la meta de Hambre Cero originalmente planteada para 2028.
En economía, citó cuatro años consecutivos con más de US$4,000 millones anuales de inversión extranjera directa, y más de US$5,000 millones en 2025. Agregó exportaciones por casi US$16,000 millones. Abinader atribuyó esos resultados a factores como seguridad jurídica, estabilidad institucional y confianza.
El turismo apareció como otro indicador del cambio: de 7.5 millones de visitantes en 2019 a una proyección superior a 12 millones durante 2026, según las cifras presentadas por el presidente.
Pero el discurso utilizó esos resultados para abrir otra discusión: qué ocurre cuando un país mejora y, precisamente por mejorar, pierde acceso a determinadas condiciones de financiamiento internacional.
Abinader cuestionó que el ingreso per cápita continúe siendo uno de los principales criterios de acceso al financiamiento concesional para países de renta media. Recordó que estos países reúnen aproximadamente a tres de cada cuatro habitantes del planeta y, según sostuvo, a dos de cada tres personas en pobreza extrema.
Su propuesta fue incorporar una medición más amplia del desarrollo, incluyendo el Índice de Vulnerabilidad Multidimensional.
La frase con la que explicó el argumento fue directa:
“Lo que no se mide no entra en las decisiones; y lo que no entra en las decisiones, no se atiende.”
El Caribe frente al clima
El discurso volvió entonces a la condición insular de República Dominicana.
Para Abinader, el cambio climático no puede reducirse a estadísticas cuando se habla desde el Caribe. Respaldó una declaración sobre aumento del nivel del mar y situó el sargazo dentro del debate climático internacional, recordando que una iniciativa dominicana impulsó la primera resolución global de la Asamblea de Naciones Unidas para el Medio Ambiente dedicada al fenómeno.
La demanda volvió a ser financiera: que los recursos destinados a adaptación y respuesta climática lleguen a los países vulnerables con una velocidad comparable a la de los fenómenos que los afectan.
República Dominicana también, señaló, avanzó hacia la ratificación del acuerdo sobre biodiversidad marina de las zonas situadas fuera de las jurisdicciones nacionales. El océano, dijo, es al mismo tiempo fuente de vida y la frontera más extensa del país.
El discurso regresó al lugar donde comenzó
Hacia el cierre reaparecieron las tres palabras iniciales: serenidad, claridad y unidad.
Abinader las vinculó a una ONU más representativa y eficiente, pero introdujo una distinción que atravesó buena parte de su intervención: aprobar resoluciones no es suficiente si después no se cumplen.
El último tramo amplió la mirada. El presidente describió una época en la que el futuro dejó de sentirse lejano porque los cambios tecnológicos, políticos, económicos y sociales se producen prácticamente al mismo tiempo que el presente.
Y dejó una advertencia: algunos pueblos pueden estar viviendo esta época sin llegar realmente a ser contemporáneos de los grandes avances de la humanidad.
Su conclusión convirtió esa observación en llamado:
“Actuemos ya, y trabajemos juntos por el bienestar de nuestros pueblos.”
Así terminó un discurso que conectó la agenda inmediata de República Dominicana —Haití, seguridad, desarrollo, financiamiento y vulnerabilidad climática— con una pregunta mayor sobre la capacidad del sistema multilateral para transformar sus decisiones en resultados.
El escenario fue la Asamblea General. Pero el argumento dominicano fue más concreto: menos distancia entre lo que el mundo acuerda y lo que finalmente hace.
La Presidencia había informado previamente que la intervención de Abinader ante el 81.º período de sesiones constituiría uno de los puntos centrales de su agenda en Nueva York.
Discurso Integro:
DISCURSO DEL PRESIDENTE LUIS ABINADER CORONA
EN EL DEBATE GENERAL DEL 81.º PERÍODO DE SESIONES
DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS
Nueva York, 23 de septiembre de 2026
Excelentísimo señor Khalilur Rahman, presidente de la Asamblea General;
Excelentísimo señor António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas;
Excelencias, distinguidos jefes de Estado y de Gobierno;
Honorables jefes de delegación;
Señoras y señores:
Ante todo, deseo, en nombre del pueblo dominicano, felicitarlo, señor presidente, por su elección, y expresar al secretario general Guterres, en su último período de sesiones al frente de esta Organización, nuestra gratitud por su compromiso con la paz.
Usted nos ha convocado a restaurar la confianza y gestionar la transformación. Para lograrlo, esta hora nos reclama serenidad, claridad y unidad.
Serenidad, porque el orden internacional atraviesa una profunda transición. Claridad, porque esta Organización enfrenta una situación financiera sin precedentes, conflictos armados que no cesan y una revolución tecnológica que avanza más rápido que nuestra capacidad de gobernarla. Y unidad, porque ninguno de estos desafíos puede ser enfrentado por un país actuando solo.
Como Estado insular en desarrollo, República Dominicana conoce la vulnerabilidad. Situaciones que ocurren muy lejos de nuestras costas pueden golpear directamente la mesa de nuestras familias. Las guerras en Europa y Oriente Medio han disparado los precios de los alimentos y de la energía. Mi país importa la totalidad de los combustibles que consume: no fijamos esos precios, nos impactan sin poder controlarlos. Por eso abogamos por la desescalada, por la libertad de navegación y por una solución diplomática que impida la proliferación nuclear en la región.
Señor presidente,
Para países como el nuestro, un orden fundado en reglas es una condición de nuestra seguridad y la garantía de que sean las normas acordadas por todos, y no la fuerza, las que resuelvan las controversias entre las naciones. Para ello es preciso restaurar la confianza en esta organización y, esto exige tres tareas: renovar la representación, renovar las operaciones de paz y renovar el apoyo a los países en desarrollo.
Respaldamos con convicción la iniciativa ONU80. Pero ninguna reforma prospera sin recursos, por eso República Dominicana cumple, este año fuimos de los primeros países en pagar íntegramente nuestra contribución al presupuesto ordinario.
Renovar la representación exige un Consejo de Seguridad que se parezca más al mundo multipolar del presente. Y exige también pensar en quién conduce esta Organización. Hace un año afirmé desde esta tribuna que correspondía a América Latina y el Caribe ofrecer un liderazgo renovado, y que había llegado el momento de que una mujer ocupara la Secretaría General. Las candidaturas presentadas lo confirman. En más de ochenta años, ninguna mujer ha dirigido esta Organización. Confiamos en que el Consejo de Seguridad y esta Asamblea estén a la altura del momento.
Señoras y señores,
Renovar las operaciones de paz es, sin lugar a duda, la tarea más urgente. Hoy, redes criminales transnacionales controlan territorios, trafican armas y personas y reclutan niños. Haití es el ejemplo más claro. Desde 2021, República Dominicana ha advertido en cada foro que esa crisis es una amenaza para la paz y la seguridad de la región y, de manera muy particular, para mi país.
Hace un año pedí desde esta tribuna que el Consejo actuara sin demora. Seis días después, el Consejo adoptó la resolución 2793, que autorizó una Fuerza de Supresión de Bandas con un mandato firme y una Oficina de Apoyo de las Naciones Unidas.
Agradezco el liderazgo de los Estados Unidos y de Panamá, el respaldo de Canadá y de los demás donantes, la entrega de Kenia y el compromiso de los países que hoy tienen a sus hombres y mujeres en Haití.
Pero la realidad no admite espera. Hace un mes, en la comunidad haitiana de Kenscoff, las bandas asesinaron en una sola noche a por lo menos cuarenta y siete personas, entre ellos cinco niños. Cerca de un millón y medio de haitianos han sido desplazados de sus hogares; igualmente, la mitad son niños. Esta Asamblea no puede resignarse a que las masacres se conviertan en la normalidad para el sufrido pueblo haitiano.
Lo que el Consejo aprobó necesita ahora los medios para cumplirse. Primero, completar el despliegue de la Fuerza, que hoy cuenta apenas con una quinta parte de los efectivos autorizados. Segundo, hacer cumplir el embargo de armas y sancionar a quienes financian y protegen a las bandas. Y tercero, fortalecer la policía, las fuerzas armadas y la justicia haitianas, para que la seguridad pueda sostenerse mañana con medios propios.
El mandato de la Fuerza vence el 30 de septiembre. Corresponde al Consejo renovarlo y a la comunidad internacional aportar las tropas y los recursos que faltan. Renovar sin completar sería prolongar una promesa sin cumplirla. Nada de esto exige una nueva decisión: exige cumplir la que ya se tomó, en meses y no en años, porque el pueblo haitiano no espera plazo.
República Dominicana ha hecho su parte. No practicamos una diplomacia de declaraciones, sino una diplomacia de soluciones. Contribuimos a construir el consenso que hizo posible la resolución; comprometimos nuestro aporte financiero proporcional para el fondo fiduciario de la Fuerza; facilitamos desde nuestro territorio el tránsito, la logística y una oficina de apoyo de las Naciones Unidas; cooperamos con el régimen de sanciones; y atendemos en nuestros hospitales al personal de la misión.
Lo hemos hecho porque esta es, ante todo, una cuestión de seguridad nacional. Y debo repetirlo con toda claridad: no existe una solución dominicana a la crisis haitiana, y ningún Estado ni organismo puede imponer a nuestro país que la asuma en su lugar. Seguiremos protegiendo nuestras fronteras, aplicando nuestras leyes migratorias y fortaleciendo y equipando nuestras fuerzas armadas, en ejercicio de la igualdad soberana que la Carta de las Naciones Unidas reconoce a cada Estado y todo con pleno respeto de las obligaciones internacionales que hemos asumido libremente.
La solución de Haití está en Haití, y la obligación de la comunidad internacional es hacerla posible allí, en su territorio, que sus niños vuelvan a sus escuelas y que sus jóvenes tengan un futuro en su país; y que, tan pronto las condiciones lo permitan, puedan votar, por primera vez en una década.
Señor presidente,
República Dominicana ha trabajado para cumplir compromisos esenciales requeridos por nuestro pueblo y puede mostrar resultados. Redujimos la pobreza monetaria de 25.8 % en 2019 a 14.6 % en el primer semestre de este año. Y hace apenas dos meses, la FAO confirmó que mi país salió del mapa del hambre, somos el quinto país de América Latina en lograrlo. Nos habíamos comprometido a alcanzar la meta de Hambre Cero en 2028. Lo logramos antes.
Durante cuatro años consecutivos hemos recibido más de 4,000 millones de dólares anuales en inversión extranjera directa y, en 2025, por primera vez, más de 5,000 millones. Nuestras exportaciones alcanzaron un récord de casi 16,000 millones de dólares. Esos resultados son reflejo de la seguridad jurídica, la estabilidad institucional y la confianza que inspira la República Dominicana
La paz, la inversión en nuevas infraestructuras, así como la hospitalidad de nuestra gente, nos ha llevado de recibir 7.5 millones de visitantes en el 2019, a proyectar este año superar los 12 millones, cifra esta solo alcanzada por México en América Latina.
Pero los avances de un país no pueden convertirse en su penalización. Los países de renta media albergan aproximadamente a tres de cada cuatro habitantes del planeta y a dos de cada tres personas en pobreza extrema, y sin embargo el ingreso per cápita sigue siendo la llave casi exclusiva del financiamiento concesional. Pedimos que el proceso iniciado en el Pacto para el Futuro concluya con un marco común para medir el progreso más allá del producto interno bruto, y que las instituciones financieras incorporen a sus criterios el Índice de Vulnerabilidad Multidimensional. Porque lo que no se mide no entra en las decisiones; y lo que no entra en las decisiones, no se atiende.
Señoras y señores:
Para un pequeño Estado insular, el cambio climático no es un asunto abstracto. Nuestra vulnerabilidad no es una categoría estadística. Es una realidad que vivimos. Por eso celebramos que esta Asamblea se asegure de adoptar, una Declaración sobre el Aumento del Nivel del Mar, que garantice la estabilidad de las zonas marítimas.
La Declaración incluye también el sargazo, un flagelo que cada año golpea las costas caribeñas, afectando el turismo. Por iniciativa de República Dominicana, la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente adoptó la primera resolución global sobre el sargazo, un problema regional reconocido como un reto global. Por eso no nos cansaremos de pedir que el financiamiento climático llegue con la misma rapidez con que llegan las tormentas al Caribe.
En ese orden, hemos avanzado hacia la ratificación del Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Marina de las Zonas Situadas Fuera de la Jurisdicción Nacional. En marzo depositamos nuestro instrumento de ratificación. El océano es una importante fuente de vida y es nuestra frontera más extensa, por eso protegerlo es una obligación de Estado.
Señor presidente,
Serenidad, claridad y unidad. Con esos conceptos debemos construir unas Naciones Unidas más representativas, más eficientes y capaces de cumplir con las exigencias de los pueblos a los que sirven. Para esa humanidad que nos mira, no bastarán las resoluciones que aprobemos, sino las que cumplamos debidamente.
Señoras y señores,
La urgencia se nos impone por la naturaleza de los nuevos tiempos. Ya el futuro no es algo que se perciba a largo plazo, hoy día, lo vivimos concomitantemente con la actualidad, pues los cambios en las condiciones de existencia de la humanidad ocurren con tal rapidez que no es preciso esperar décadas para mirar hacia el pasado.
Muchos de nuestros pueblos corren el riesgo de vivir esta época y no ser contemporáneos de los grandes avances que ha logrado la humanidad. Actuemos ya, y trabajemos juntos por el bienestar de nuestros pueblos.
Muchas gracias, que Dios nos proteja a todos.
