Cuando una entrevista sale del algoritmo y entra en la ciudad

Una entrevista puede durar cuarenta minutos. Pero una sola frase puede conseguir que miles de personas quieran saber qué se dijo durante los otros treinta y nueve.
Eso es lo interesante de la estrategia utilizada por El Zol de la Mañana y RCC Media alrededor de la entrevista al mayor general (R) Juan Manuel Méndez García, director ejecutivo del Intrant. En lugar de limitar la conversación a la radio, YouTube y las redes sociales, tomaron una de sus ideas más contundentes —“La crisis vial es culpa tuya. Mía. Y de él.”— y la llevaron a pantallas digitales en la ciudad.
La lógica es sencilla: no promocionar a la persona, sino promocionar el contenido. La valla funciona como una portada. Presenta un rostro, una frase y una invitación a descubrir la conversación completa.
El resultado plantea una manera diferente de entender la distribución de contenidos. En redes sociales, una publicación depende en buena medida de que el algoritmo decida mostrarla. En la publicidad exterior ocurre lo contrario: el mensaje se encuentra con las personas durante su recorrido cotidiano.
Así, distintas plataformas dejan de competir entre ellas y empiezan a complementarse. La radio genera la conversación. YouTube permite conservarla y profundizar. La estrategia identifica la frase capaz de condensar el tema. Y las pantallas digitales amplían su exposición en el espacio público.
El caso también demuestra algo importante sobre comunicación: la sofisticación no siempre está en añadir más elementos, sino en conectarlos mejor.
Una entrevista ya existente, una idea clara y un medio tradicionalmente utilizado para publicidad pueden convertirse en una nueva ruta para distribuir información.
La fórmula tampoco pertenece exclusivamente a la comunicación pública. Puede aplicarse a empresas, ejecutivos, universidades, especialistas o instituciones que necesiten explicar una inversión, una decisión, una controversia o una posición ante una crisis.
Porque publicar un mensaje no garantiza que las personas lo encuentren.
A veces hay que hacer exactamente lo contrario: construir el camino para que el mensaje encuentre a las personas.
Y ahí probablemente está la lección más interesante del experimento: lo más efectivo, a veces, es lo más sencillo.
