Luis Abinader: la libertad como responsabilidad, dignidad y tarea permanente

El presidente Luis Abinader recibió el reconocimiento “Champion of Freedom Award”, otorgado por el Adam Smith Center for Economic Freedom de la Florida International University, en el marco de una visita oficial orientada a encuentros académicos y al fortalecimiento del diálogo sobre libertad, democracia y desarrollo.
En su discurso, Abinader partió de una idea profundamente humanista: la libertad no es una circunstancia, sino una condición moral del ser humano. No es algo que simplemente se declara o se recibe, sino una práctica constante que exige responsabilidad, coherencia y compromiso.
El mandatario vinculó la libertad con una tradición intelectual amplia, citando a Don Quijote de la Mancha, Alexis de Tocqueville, Isaiah Berlin y Adam Smith. Desde esas referencias, planteó que la libertad no descansa únicamente en leyes o instituciones, sino también en los hábitos, valores y convicciones de los pueblos.
Uno de los ejes centrales del discurso fue la advertencia sobre los riesgos democráticos de nuestro tiempo. Abinader recordó que las sociedades pueden renunciar a su libertad no solo por opresión directa, sino también por comodidad, seguridad o certidumbre. En ese sentido, defendió una libertad que incomoda porque obliga a elegir, asumir consecuencias y vivir con responsabilidad.
El Presidente también destacó que la libertad no puede limitarse a la ausencia de restricciones. Debe traducirse en condiciones reales para que las personas puedan construir una vida digna. Por eso vinculó libertad, prosperidad, transparencia, Estado de derecho, instituciones fuertes y libertad económica como partes inseparables de una misma aspiración humana.
Desde la experiencia dominicana, Abinader afirmó que crecer no es solo producir más, sino ampliar horizontes. Es permitir que cada persona, sin importar su origen o condición, pueda imaginar y construir su propio futuro. La libertad, en esa visión, deja de ser una idea abstracta y se convierte en experiencia vivida.
El discurso también introdujo una reflexión ética: la libertad, si no se orienta al bien común, puede desdibujarse y convertirse en privilegio. Por eso, defenderla exige límites, espacio, prudencia, empatía y una visión humana del otro.
En un mundo marcado por la polarización, la simplificación del discurso y la dificultad creciente de escuchar al otro, Abinader sostuvo que defender la libertad también implica defender la complejidad, el matiz, el diálogo y la verdad frente a la conveniencia del momento.
La idea final del discurso fue contundente: la libertad no es un legado garantizado, sino una tarea permanente. No basta con invocarla. Hay que construirla, cuidarla y comprometerse con ella todos los días, porque en su defensa se juega no solo el presente, sino también la dignidad del futuro.
