No es solo la lluvia: la basura también inunda las ciudades

Cuando una ciudad se inunda, la primera reacción suele ser culpar exclusivamente a la intensidad de la lluvia. Pero la realidad es más compleja.
Hoy, ninguna ciudad del mundo está completamente preparada para drenar en pocos minutos la enorme cantidad de agua que producen los eventos climáticos extremos. Las lluvias son cada vez más intensas, más concentradas y más impredecibles. En una hora puede caer el volumen que antes se distribuía durante toda una tarde.
Sin embargo, la infraestructura no es el único factor.
Gran parte del colapso de los sistemas pluviales ocurre porque las entradas de drenaje terminan bloqueadas por residuos sólidos: fundas plásticas, botellas, vasos desechables, cartón, hojas y basura doméstica que ciudadanos dejan en las aceras o lanzan directamente a la calle.
Cada botella arrojada al pavimento, cada funda colocada fuera de horario frente a una vivienda y cada residuo abandonado en la vía pública tiene un destino previsible: la alcantarilla.
Y cuando la lluvia llega, el agua no encuentra por dónde salir.
El resultado no solo son calles anegadas. También se afectan viviendas, comercios, vehículos, servicios públicos y, en muchos casos, la seguridad de las personas.
Esta es una crisis de infraestructura, sí, pero también de cultura ciudadana.
Las ciudades necesitan modernizar sus sistemas de drenaje para responder a nuevas realidades climáticas, pero la ciudadanía también debe asumir que la basura mal dispuesta puede convertirse en el primer detonante de una inundación.
La próxima inundación puede comenzar mucho antes de la lluvia: puede empezar con una funda plástica en la acera.
