Cuántas veces han culpado a una mujer de sus «hormonas»? El sesgo invisible que sigue operando en el trabajo

Un comentario aparentemente casual puede revelar un sesgo profundo.
Hoy, en muchos entornos laborales, aún persiste una narrativa silenciosa: atribuir el comportamiento o las decisiones de una mujer a sus “hormonas”.
No es percepción. Es dato.
Un estudio reciente de la empresa de salud femenina Mira reveló que el 37% de los hombres encuestados ha atribuido el comportamiento de una colega a sus hormonas. Más aún, el 39% espera que las mujeres gestionen sus emociones de forma distinta a los hombres, estableciendo un estándar desigual desde la base.
El dato más crítico: casi 1 de cada 4 hombres (23%) ha cuestionado decisiones de liderazgo de una mujer basándose en su estado hormonal.
No se trata solo de comentarios. Se trata de credibilidad profesional.
Este sesgo no ocurre en el vacío. Se suma a una estructura donde las mujeres ya enfrentan desventajas claras: 14% menos probabilidades de ser promovidas, brechas salariales persistentes y penalizaciones profesionales por asumir roles de cuidado fuera del trabajo.
Sin embargo, el argumento hormonal no solo es injusto, también es inconsistente.
Mientras algunos hombres atribuyen decisiones femeninas a factores biológicos, evidencia previa —como un estudio de Totaljobs en 2020— encontró que los hombres son más del doble de propensos a gritar o renunciar a sus trabajos por emociones no controladas.
Es decir, el problema no es biológico. Es cultural.
También existe un vacío de formación: el 31% de los hombres reconoce que su educación no los preparó para entender la salud femenina. Este desconocimiento alimenta interpretaciones erróneas que luego se convierten en prejuicio.
Pero hay señales de cambio.
El 86% de los hombres reconoce que el dolor menstrual puede afectar la salud física y mental, y el 83% afirma que educaría a sus hijos sobre la salud de las mujeres. Incluso entre generaciones jóvenes, existe una intención creciente de entender mejor.
La conclusión es clara:
El sesgo persiste, pero ya no es invisible.
Y en 2026, muchos están empezando a cuestionarlo.
Fuente: Mira / Fast Company
