¡Mamá, quiero ser influencer!

Durante décadas, la pregunta era simple:
¿qué quieres ser cuando seas grande?
Hoy la respuesta cambió.
Para millones de jóvenes, el sueño profesional ya no pasa necesariamente por ser médico, abogado o piloto. Pasa por construir una audiencia.
El llamado “sueño digital” combina tres aspiraciones muy poderosas: autonomía, propósito y flexibilidad. Algo que muchas profesiones tradicionales han tenido dificultades en ofrecer.
Pero el fenómeno tiene una paradoja.
Aunque más del 57% de la Generación Z quisiera ser influencer, menos del 30% logra ingresos realmente significativos. Y aun así, el interés sigue creciendo.
Quizás porque el cambio no es solo laboral.
Es cultural.
Los jóvenes ya no quieren trabajar para una empresa.
Quieren ser la empresa.
