Estrecho de Ormuz: por qué una franja de agua puede mover la economía del mundo

El Estrecho de Ormuz es, probablemente, uno de los puntos geopolíticos más importantes del planeta y, al mismo tiempo, uno de los menos comprendidos por el público general.
Ubicado entre Irán y Omán, este corredor marítimo conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo. A simple vista parece apenas una estrecha vía de navegación. En realidad, es una de las arterias más sensibles de la economía global.
Por este paso transita cerca de una quinta parte del petróleo que consume el planeta, además de volúmenes críticos de gas natural licuado provenientes de países como Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait e Irán.
Eso significa que cualquier tensión militar, cierre parcial o amenaza sobre Ormuz tiene efectos inmediatos mucho más allá de Medio Oriente.
Sube el precio del petróleo.
Sube el costo de la gasolina.
Sube el transporte marítimo y aéreo.
Sube la presión inflacionaria global.
Y eventualmente suben también los alimentos, los fertilizantes, la logística y los costos industriales.
En abril de 2026, la crisis alrededor del estrecho volvió a demostrarlo: el precio spot del Brent alcanzó un récord de US$144.42 por barril, reflejando la urgencia del mercado por garantizar suministro inmediato.
Por eso, más que un punto geográfico, Ormuz es un verdadero termómetro de estabilidad global.
Cuando Ormuz tiembla, el mundo entero lo siente.
